Carta a un hijo

Reflexiones espirituales, columna de Roberto Díaz y Díaz: Carta a un hijo

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“Nunca sabrás lo que significa ser padre hasta que no tengas un hijo”. Es una frase fuerte y sincera para hablarles a nuestros hijos con el corazón abierto de lo que es la paternidad.

¿El día de hoy estamos dando a nuestros hijos un buen ejemplo y congruencia de vida? ¿Sabemos lo que nuestros hijos piensan, desean y anhelan? Hoy me atrevo a abrir mi corazón y decirle a mis hijos: “Nunca conocerás la alegría más allá de la alegría, el amor más allá de cualquier sentimiento que resuena en el corazón de un padre mientras mira a su hijo”.

El ser padre implica conocer el honor que hace que un hombre quiera ser más de lo que es y transmitirle algo bueno y útil a su hijo. Y tal vez nunca conocerás el corazón roto de un padre que es acosado por los demonios personales que le impiden ser el hombre que quiere que sus hijos vean en él.

Pero es bueno que hoy sepas que ser tu padre es para mí un orgullo, un gran privilegio y una gran carga: tratar de ser ese hombre que quiere dar amor, pero le es difícil expresar sus sentimientos, que quiere ser amigo y también ser justo con la disciplina y los castigos, y también quiere ser ángel y a veces tiene que ser demonio.

Hay algo que debe transmitirse de padre a hijo, o nunca se recibirá con claridad. Es ese sentido de hombría, de valor propio, de responsabilidad hacia el mundo que nos rodea. Vivimos en una época en que es difícil hablar con el corazón en la mano, y tenemos miedo de externar nuestros pensamientos porque podemos ser vistos como débiles y frágiles. Es maravilloso ser padre e implica una gran responsabilidad.

Hijo, quiero hablar honestamente contigo: “No tengo todas las respuestas, pero entiendo tus preguntas. Te veo luchando, descubriendo y esforzándote, y me veo reflejado en tus ojos y en tus días. De una manera profunda y fundamental, he estado ahí, y quiero compartir contigo tus alegrías, tristezas e ilusiones, pero a veces siento que no soy apto para tus ojos.

Yo también he aprendido a caminar, a correr y a caer. He tenido un primer amor. He conocido el miedo, el enojo y la tristeza. Mi corazón se ha roto, y he vivido momentos en los que me ha parecido sentir la mano de Dios sobre mi hombro.

He llorado lágrimas de dolor y de felicidad. Me he sentido vacío ante el misterio del universo, y ha habido momentos en que el más pequeño desaire me provoca indignación. No olvides que soy un ser humano. He cargado a otros cuando apenas he tenido la fuerza para caminar, y también he dejado a otros al lado del camino con los brazos extendidos hacia mí en busca de ayuda.

Trato de ser congruente en lo que hago con lo que pienso, digo y escribo. Te doy mi amor y mi cariño sincero; en eso sí estoy seguro de no haberte fallado. A pesar de que tú caminarás en tu propio territorio y transitarás tu propio momento, el mismo sol que se elevó sobre mí se elevará sobre ti, y el mismo clima que habrá en tu vida, lo hubo en la mía.

Siempre seremos distintos, pero también seremos iguales. El tiempo revela verdades, y estas son más grandes que nosotros. Ser tu padre es el más grande honor que he tenido. “Padre no es el que engendra un hijo, sino el que con su ejemplo y dirección ayuda a formar a un hombre”.

Recibe mi amor y mi educación; te las doy con el alma abierta y el corazón sincero. Nada me debes: hoy soy el padre y tengo mis deberes. Solo te pido que te esfuerces en ser feliz y tengas a Dios en tu vida.

Lo más leído

skeleton





skeleton